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Abogados Arbitrajes Internacionales

El arte del arbitraje mercantil

Con ocasión de mi cuadragésimo quinto (45°) laudo

Hace unos días, junto con los estimadísimos colegas que aparecen en la foto, integré un Tribunal Arbitral, en un proceso de arbitraje mercantil, cuyo laudo fue para mí, el cuadragésimo quinto laudo que dicto en mi vida profesional.

El tema del debate fue la validez de la manifestación del consentimiento en los negocios. Pero aparte del tema de fondo, en este caso, dada la composición del Tribunal y la aquiescencia de los litigantes, se logró un avance en lo que yo vengo llamando, hace ya tiempo: «la cultura arbitral».  Esto es, lograr que litigantes y sobre todo, los abogados que comparecen ante el Tribunal Arbitral, se atrevan a soltar el Código Procesal Civil, para actuar de acuerdo a la libertad de formas que permite el arbitraje. Al inicio del caso citamos a una audiencia de ordenamiento procesal, inmediatamente después de notificado el requerimiento arbitral, y logramos establecer un calendario procesal simplificado, fijando, en esa sola audiencia, sin necesidad de ulteriores notificaciones, las fechas máximas en que las partes deberían presentar la demanda, la contestación y eventualmente la reconvención, así como las fechas en que se cumplían la audiencia sobre excepciones y pruebas y de haber contra demanda, las fechas de contestación y la respectiva audiencia sobre excepciones.

Las partes cumplieron a cabalidad con los actos procesales dentro de los plazos fijados, y el arbitraje avanzó sin contratiempos.

La Ley 7727, de Resolución Alterna de Conflictos y promoción de la Paz Social (Ley RAC), contiene un artículo, que todavía no ha sido plenamente entendido, principalmente por falta de formación, y un poco por inercia o timidez de los árbitros:

Artículo 39.- Libre elección del procedimiento

Con sujeción a lo dispuesto en la presente ley, las partes podrán escoger libremente el procedimiento que regulará el proceso arbitral siempre que ese procedimiento respete los principios del debido proceso, el derecho de defensa y el de contradicción. (…)

Podría parecer insignificante, pero fue un avance importante en llevar el manejo procesal del arbitraje mercantil costarricense, a abandonar los formalismos procesales para parecerse más a un verdadero arbitraje.

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